Hablemos de mi día en el Tibidabo
¡Hola! ¡Ayer fui al "Tibidabo"!
Como casi toda Cataluña sabe, el "Tibidabo" es un
parque de atracciones situado en lo alto de Barcelona. Viene a ser un
"Portaventura" pero a escala menor.
Como mis padres, mi hermana (cinco años) y yo vivimos en “Sant
Celoni” tuvimos que levantarnos a las nueve, para llegar allí a las once, donde
habíamos quedado con Pedro, el marido de mi prima, y sus dos hijas: Laia (Cinco
años) y Mireia (nueve años).
Nos subimos a muchas atracciones antes de ir a comer:
"La Noria", donde se puede ver casi toda Barcelona, "La
Atalaya" (yo no, pues tengo un poco de vértigo), "El Tren de la
Mina" (No, no es como en las ferias, es mucho más grande), "una cosa
rara que daba vueltas que no sé cómo se llama" y etcétera. Fuimos a comer
en unas mesas con bancos al lado de un parque de toboganes, donde los niños, y
yo, estuvimos jugando un buen rato.
Al terminar, de las
cinco personas adultas, solo dos (mi madre y yo) nos atrevimos a ir al
"Hotel Krüeger", pero al final no entramos porque había muchísima
gente haciendo cola, así que fuimos a los "autos de choque". Lástima
de que el espacio es pequeño para todos los autos que había allí. Después
fuimos a "Los Tronquitos" a refrescarnos un poco, pero mi hermana es
bajita, así que ella y mis padres se fueron con ella a las colchonetas mientras
Laia, Mireia, Pedro y yo subíamos a "Los Tronquitos". Nos mojamos
bastante, y francamente pasé miedo en la gran bajada, pero me encantó. Fue
entonces cuando empezó a empeorar el tiempo, las nubes cubrían el cielo.
Entonces Pedro y Mireia fueron a la "Montaña Rusa" mientras los demás
nos comíamos nube de azúcar, y al volver, Pedro dijo de ir al Barco, yo me
resistí por miedo, pero me acabó convenciendo, así que subimos. Y justo cuando
empezaba a chispear, pero no le dimos importancia y nos subimos, y fue justo
cuando se puso en marcha que empezó a llover con más fuerza. Estuvimos entre
diez y quince minutos bajo un diluvio y yo me estremecía cada vez que el Barco
llevaba al punto más alto, pero aunque un niño estaba llorando por la lluvia,
el hombre que se encargaba de la atracción no la detuvo, dijo que no se podía,
así que bajamos empapados de la atracción, y nos fuimos hacia el coche. Los que
ya estábamos mojados fuimos jugando con el agua y mi madre fue con paraguas. Yo
me quité los zapatos y empecé a correr, a saltar, y a pasar por debajo de los
chorros de agua que caían de algunos techos. Al llegar al coche nos secamos, y
volvimos hacia casa
Ese día me lo pasé genial.



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