sábado, 15 de agosto de 2015

15/08/2015

Hablemos de mi día en el Tibidabo

¡Hola! ¡Ayer fui al "Tibidabo"!

Como casi toda Cataluña sabe, el "Tibidabo" es un parque de atracciones situado en lo alto de Barcelona. Viene a ser un "Portaventura" pero a escala menor.

Como mis padres, mi hermana (cinco años) y yo vivimos en “Sant Celoni” tuvimos que levantarnos a las nueve, para llegar allí a las once, donde habíamos quedado con Pedro, el marido de mi prima, y sus dos hijas: Laia (Cinco años) y Mireia (nueve años).

Nos subimos a muchas atracciones antes de ir a comer: "La Noria", donde se puede ver casi toda Barcelona, "La Atalaya" (yo no, pues tengo un poco de vértigo), "El Tren de la Mina" (No, no es como en las ferias, es mucho más grande), "una cosa rara que daba vueltas que no sé cómo se llama" y etcétera. Fuimos a comer en unas mesas con bancos al lado de un parque de toboganes, donde los niños, y yo, estuvimos jugando un buen rato.
 Al terminar, de las cinco personas adultas, solo dos (mi madre y yo) nos atrevimos a ir al "Hotel Krüeger", pero al final no entramos porque había muchísima gente haciendo cola, así que fuimos a los "autos de choque". Lástima de que el espacio es pequeño para todos los autos que había allí. Después fuimos a "Los Tronquitos" a refrescarnos un poco, pero mi hermana es bajita, así que ella y mis padres se fueron con ella a las colchonetas mientras Laia, Mireia, Pedro y yo subíamos a "Los Tronquitos". Nos mojamos bastante, y francamente pasé miedo en la gran bajada, pero me encantó. Fue entonces cuando empezó a empeorar el tiempo, las nubes cubrían el cielo. Entonces Pedro y Mireia fueron a la "Montaña Rusa" mientras los demás nos comíamos nube de azúcar, y al volver, Pedro dijo de ir al Barco, yo me resistí por miedo, pero me acabó convenciendo, así que subimos. Y justo cuando empezaba a chispear, pero no le dimos importancia y nos subimos, y fue justo cuando se puso en marcha que empezó a llover con más fuerza. Estuvimos entre diez y quince minutos bajo un diluvio y yo me estremecía cada vez que el Barco llevaba al punto más alto, pero aunque un niño estaba llorando por la lluvia, el hombre que se encargaba de la atracción no la detuvo, dijo que no se podía, así que bajamos empapados de la atracción, y nos fuimos hacia el coche. Los que ya estábamos mojados fuimos jugando con el agua y mi madre fue con paraguas. Yo me quité los zapatos y empecé a correr, a saltar, y a pasar por debajo de los chorros de agua que caían de algunos techos. Al llegar al coche nos secamos, y volvimos hacia casa


Ese día me lo pasé genial.



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